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Como padres nos cuesta hacer que nuestros hijos nos obedezcan y en ocasiones puede que recurramos al alzamiento de voz o, en medidas más extremas, a pegarles demostrando de esa forma nuestras inseguridades e impotencias al no conseguir el respeto.

Los niños deben crecer con normas y si no las ponemos desde el principio la situación puede empeorar pero gritarles y pegarles no es la solución.

Qué hacer

Háblale de forma clara sin gritos.

Convierte ciertas órdenes en juegos, como por ejemplo, quien se come el almuerzo primero u ordenar el cuarto de una manera divertida.

En vez de mandar hacer las cosas “porque lo dijo yo”, mejor explícale el motivo de hacerlo de manera simple y corta, y explícale las consecuencias que tendrá su desobedicencia. (La magnitud del castigo debe ser similar a la magnitud de lo que no ha hecho o ha hecho mal).

Qué no hacer

No lo amenaces o intentes atemorizarlo.

No lo critiques a él sino a la acción que realice. Por ejemplo: no le digas “es que eres malo” sino “es que te estás portando mal”.

No le hagas chantaje. Por ejemplo, “sino no haces esto entonces te castigo con lo otro”. Intenta sustituirlo por: “cuando hagas esto bien entonces te daremos tal cosa o podrás hacer tal cosa”.

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